de la Compañía Colonial de Imágenes, Letras e Ideas
Aquella mañana de junio había pocos turistas en Meung-sur-Loire, y ninguno quiso bajar a los calabozos del castillo, donde, además de muchos desconocidos, estuvo encerrado François Villon. Algunas piedras han sido restauradas, pero la columna de los azotes sigue allí, y hay máquinas que miran al visitante solitario como preguntando qué se hizo de guardianes y verdugos y quién le ha dejado las llaves a un extraño.
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