
Comenzaba la primavera y el Administrador, mientras contemplaba el discurso en el horizonte de la silueta de una caravana que partía a contraluz hacia el desierto, pensó que
Lo habitual (aunque no tengo pruebas) es comenzar un blog explicando que lo habitual es comenzar un blog explicando por qué se hace un blog, pero que no, que en el fondo uno no tiene los motivos muy claros y bla, bla, bla... Así que, una vez rizados el
rizoma B y degustado el
modelo A, y habiendo sentado que no importa dónde, no importa cómo, creo que si tuviera que empezar ahora mismo un blog o bitácora (nombro bitácora delante del desierto y todo se vuelve oasis), hablaría del día en que en un instituto de secundaria cerraron las puertas por una disposición general de las autoridades académicas. Se decidió (nótese el impersonal) admitir la derrota social, y se instruyó (mal) a las direcciones de los centros de secundaria para cerrar a cal y canto los accesos e impedir la libre circulación de alumnos durante las horas lectivas. Lo cual, por otra parte, no hacía sino situar en el orden de los días lo que estaba en la idea de orden de las direcciones, las cuales, a su vez, eran fieles intérpretes del sentir mayoritario de los padres y madres del alumnado. O algo por el estilo. (Por otro lado, quien siguiera hasta aquí el hilo de mis ideas (si esto estuviera escrito en un sitio web), se vería obligado a admitir que, antes de encender el ordenador, ya andaba tramando llegar de un modo u otro a un lugar como este.) Pero no se trata de abundar en la crítica del blindaje educativo (quizá más adelante), sino de contar que las decisiones de la autoridad que conducen a que la gente hable más en los pasillos tiene a veces consecuencias positivas. Sin que ello signifique, por supuesto, que la autoridad (engolada, untuosa, viscosa, mezquina, mediocre, torpe...) se alegre de dichos efectos. Esto, visto desde una silla de bambú, resulta soporífero. No obstante, fue así como surgió la leyenda de un lugar donde exponer ideas sin por ello dejar de pertenecer a ese zoco de la educación pública donde todo es un fluir de pensamientos obligados a encajar en las lámparas prosaicas de lo puntuable...
[Continuará: un blog es como un comic antiguo]