de la Compañía Colonial de Imágenes, Letras e Ideas
Había un campo de regadío a resguardo de todos los vientos. El administrador mandó plantar moreras. Algunos indígenas dijeron que no sería buena política, que el arbusto no se aclimataría. El administrador hizo consultas a la metrópoli. La respuesta la trajo un spahi herido que tendrá mucho que ver en esta historia: "Utilicen ailanto", decía el Consejo Colonial. Eso supuso otra guerra. El ailanto era un árbol maldito. Por fin, la compañía de la seda, que quería competir con los chinos, tuvo su campo de falsas moreras. En otro país se libraron combates para conseguir mariposas. Cuando el campo estuvo lleno de gusanos, varias expediciones se dirigieron al interior en busca de esclavos. Necesitaban manos jóvenes, sensibles, que pudieran tratar con cariño los hilos del preciado tejido. Pero se había comenzado la casa por el tejado. Las rutas que habían usado otros imperios se habían vuelto inaccesibles. Las mariposas cumplían su ciclo y las orugas, para salir, mordían su envoltorio y lo quemaban con su saliva ácida. El tejido quedaba inservible. Al administrador lo amenazaron con enviarlo a Zinderneuf. Eso se llamó el fracaso de la seda. Las polillas, revoloteando todas las noches alrededor de las lámparas del porche, se lo recordaban constantemente.
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